Un estudio desarrollado por el Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile revela que la combinación de una dieta excesiva y el consumo de alcohol puede acelerar el daño hepático en personas con hígado graso asociado a disfunción metabólica, una condición que se ha vuelto cada vez más común en el país.
La esteatosis hepática, también conocida como hígado graso, se ha convertido en uno de los principales problemas de salud vinculados a la alimentación en Chile. Aunque tradicionalmente se relacionaba con factores como la obesidad, la diabetes o el sedentarismo, la investigación subraya que el alcohol es un elemento que no puede analizarse de manera aislada.
El trabajo, publicado en la revista Molecular and Cellular Endocrinology bajo el título Interrelationship between alcohol consumption, overnutrition, and pharmacotherapy for liver steatosis: Considerations and proposals, fue liderado por el Dr. Rodrigo Valenzuela junto a un equipo de investigadores de la Universidad de Chile y la Universidad de Talca. El artículo plantea que la combinación de malos hábitos alimentarios y consumo de alcohol potencia el avance de la enfermedad, que puede evolucionar hacia inflamación, fibrosis, cirrosis e incluso cáncer hepático.
Una enfermedad silenciosa y en aumento
El Dr. Valenzuela advierte que el hígado graso ya no es un problema exclusivo de adultos mayores, sino que aparece cada vez más temprano, incluso antes de los 40 años. Además, suele estar acompañado de obesidad, colesterol elevado, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 e hipertensión, formando parte de un cuadro metabólico complejo y de alta prevalencia en la población chilena.
Uno de los aspectos más preocupantes es que la enfermedad avanza de manera silenciosa: muchas veces se detecta solo mediante ecografías o exámenes de laboratorio, cuando el daño ya está avanzado.
Alimentación y alcohol: factores que se potencian
El estudio propone dejar de separar el hígado graso en “alcohólico” y “no alcohólico”, ya que en la práctica clínica ambos factores suelen coexistir. Los patrones de alimentación con exceso de calorías, sumados al consumo de alcohol, generan un impacto directo en el hígado. Según los investigadores, situaciones comunes como los excesos de fin de semana con comida y bebidas alcohólicas intensifican el estrés hepático.
Recomendaciones de prevención
El mensaje de los especialistas es claro: para quienes padecen hígado graso, la recomendación es cero alcohol y una alimentación estructurada, con planes definidos que incluyan horarios, cantidades y selección de alimentos. La prevención pasa por una dieta basada en productos frescos como frutas, verduras, legumbres, pescados, carnes magras, huevos, yogur, pan integral y aceite de oliva, junto con la reducción de ultraprocesados, frituras, bebidas azucaradas y harinas refinadas.
“Cuidar el hígado no significa pasar hambre, sino aprender a comer mejor y de manera ordenada”, concluye el Dr. Valenzuela.